La llamada de una trabajadora de 65 años y medio, agotada y deseosa de conocer cuándo podrá jubilarse, ha servido para visibilizar una problemática creciente y compleja: la dificultad para muchos empleados de llegar a la edad legal de jubilación, fijada para 2026 en 66 años y 10 meses, en condiciones óptimas.
Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario de la Seguridad Social y experto en pensiones, compartió este caso en su canal de YouTube para abrir un debate ampliamente necesitado en el ámbito laboral: la «desaceleración laboral». Esta noción propone adaptar progresivamente la carga y exigencias laborales a medida que los trabajadores se acercan al final de su vida activa.
La pensionista, que acumulaba 25 años cotizados, se enfrenta a una situación común para muchos españoles. Según Muñoz, la irregularidad laboral, la dedicación familiar –como la crianza de hijos– y los crecientes desafíos de un mercado laboral cada vez más exigente, han dejado a esta trabajadora lejos de las condiciones para una jubilación anticipada.
En España, la jubilación anticipada voluntaria requiere haber cotizado al menos 35 años, y la anticipada involuntaria, vinculada a despidos o expedientes de regulación de empleo, exige un mínimo de 33 años. Tampoco cumplía con los requisitos para jubilarse a los 65 años con el 100 % de la pensión, condicionada a tener 38 años y 3 meses cotizados.
Así, la única alternativa para esta trabajadora es persistir hasta los casi 67 años establecidos en la legislación vigente, lo que supone además dos meses más respecto al requisito del año anterior. Aunque aparentemente pueda parecer poco, estos meses representan una carga significativa para personas exhaustas física y emocionalmente.
El debate pendiente sobre la carga laboral en mayores de 60 años
Muñoz subraya que la realidad de quienes trabajan en condiciones duras hasta edades avanzadas suele pasar inadvertida. Sea un empleado que realiza trabajos físicamente intensos o profesionales que afrontan una alta presión constante, el desgaste acumulado es considerable.
Ante el envejecimiento activo y la prolongación de la vida laboral, cuesta cada vez más sostener el mismo ritmo y rendimiento exigido por el mercado hasta los 67 años. Por ello, el funcionario apuesta por promover el concepto de desaceleración laboral, que permitiría reducir gradualmente la jornada o intensidad del trabajo conforme se aproxima la jubilación.
La cuestión que plantea es clara y afectará la organización del empleo en el futuro: ¿es justo ni eficiente que un joven de 23 años tenga la misma jornada y exigencias que una persona de 65? Adaptar el trabajo a nuevas realidades sociales y demográficas es fundamental para mantener la salud y calidad de vida de los empleados mayores.
Un mecanismo vigente y que podría potenciarse es la jubilación parcial. Esta modalidad permite a los trabajadores reducir su jornada antes del retiro definitivo y posibilitar un contrato de relevo con un desempleado, facilitando además la renovación generacional en las empresas.
En definitiva, el mensaje es claro: se necesita urgentemente repensar el diseño del mercado laboral y la gestión de la vida profesional, especialmente para quienes trabajan durante décadas bajo condiciones físicas y emocionales exigentes, para evitar que la prolongación de la edad de jubilación se traduzca en un desgaste insostenible.
Imagen: Alfonso Muñoz Cuenca