El acceso a una vivienda digna se ha convertido en una prioridad para muchos españoles, tal y como señala el último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que revela que cerca del 50% de los encuestados ve este problema como uno de los más graves a los que se enfrenta el país. Este asunto afecta sobre todo a los jóvenes, quienes se enfrentan a crecientes dificultades para independizarse o comprar su propia casa.
Un estudio de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) advierte que el 32,9% de los hogares jóvenes caerían en pobreza tras asumir los gastos derivados de la vivienda, una cifra significativamente superior a la media nacional. Además, la tasa de pobreza en España podría aumentar del 19,5% al 23% si se considera la renta disponible tras afrontar los gastos del hogar.
En este contexto, muchas personas buscan alternativas que les permitan reducir gastos y facilitar el ahorro para futuros proyectos inmobiliarios. Esther es una de ellas: junto a su pareja y sus dos gatos, decidió vivir en una vivienda prefabricada de apenas 28 metros cuadrados para reunir fondos y lograr comprar una casa más amplia. Esther comparte su experiencia en su perfil de TikTok.
Una inversión inicial de 25.000 euros que se convirtió en hogar
La aventura comenzó con una inversión aproximada de 25.000 euros, que abarcó la estructura principal y la posterior instalación del tejado. Durante tres años, esta pequeña casa fue el refugio de la pareja, lo que les permitió reducir notablemente sus gastos mensuales, ya que no tenían que afrontar pagos por alquiler.
Esther señala que la ventaja principal de esta vida minimalista ha sido la capacidad de ahorrar. «Lo mejor de vivir aquí ha sido no gastar en alquiler y destinar ese dinero a la compra de nuestra siguiente vivienda», reconoce. Gracias a este esfuerzo, ya tienen en marcha la adquisición de una vivienda que se encuentra actualmente en proceso de reforma.
Retos de convivir en espacio reducido
A pesar del ahorro económico, la convivencia en un espacio tan limitado ha traído consigo sus propios retos. Compartir 28 metros cuadrados con otra persona y dos animales resulta complicado. Esther admite que el espacio se queda corto para las necesidades diarias. «La falta de metros dificulta mantener el orden y limita cualquier actividad cotidiana», comenta.
La ausencia de privacidad es otro factor destacado. Vivir en un espacio tan cercano genera cansancio, ya que «todo está muy pegado y no hay momentos de intimidad», asegura la joven, quien también apunta que la constante convivencia en un único espacio puede ser agotadora.
Limitaciones por la elección económica
La calidad de los materiales también ha influido en la experiencia. Al adquirir la vivienda, eligieron la opción más económica del mercado, que contaba con un aislamiento básico y materiales de menor calidad. Esto ha supuesto ciertos problemas a lo largo del tiempo, pues los materiales se han desgastado notablemente en apenas tres años.
Por ello, Esther aconseja invertir en materiales aislantes de calidad y optar por viviendas con mayor tamaño para mejorar la habitabilidad. «Es importante que quienes se planteen esta opción valoren la inversión en buenos materiales y un diseño lo bastante amplio», señala.
Problemas de aislamiento acústico y térmico
La capacidad de aislamiento de la vivienda ha sido uno de los mayores desafíos. La estructura facilita la transmisión de vibraciones y sonidos, al punto que el retumbe se percibe con facilidad si alguien salta o hace ruido dentro de la casa. «Se escucha absolutamente todo, incluso una conversación desde abajo se puede oír claramente», explica Esther, a pesar de vivir en una zona rural.
En cuanto al confort térmico, la vivienda presentaba dificultades para mantener temperaturas adecuadas. La instalación del tejado posterior mejoró la situación, sin embargo, la joven destaca que sin climatización no sería posible vivir cómodamente ni en invierno ni en verano. Los días de lluvia, por ejemplo, resultaban molestos por el fuerte ruido que generaba el agua impactando el tejado.
Una opción temporal para lograr metas a largo plazo
A pesar de las dificultades, Esther considera que este tipo de vivienda puede ser una solución práctica para quienes tienen un objetivo económico claro. La define como una oportunidad para ahorrar durante un periodo determinado y acelerar sus proyectos.
No obstante, advierte que no es una opción viable como residencia permanente debido a la limitación de espacio y problemas de confort. Recomienda su uso como solución temporal, ideal para un periodo corto, tras el cual la vivienda puede alquilarse o reutilizarse.
En definitiva, la experiencia de Esther pone de manifiesto que, en tiempos en los que el acceso a la vivienda es complicado, buscan alternativas que permitan ahorrar y dar un paso adelante en la adquisición de un hogar más adecuado.