En medio del revuelo por la crisis de la vivienda, los llamados “decretos Maricarmen” y el adelanto electoral en España, ha pasado casi desapercibido un proceso crucial que tiene lugar en Europa: la construcción lenta pero firme de un sistema financiero autónomo, menos dependiente de Estados Unidos.
Lejos de sustituir de forma inmediata e impactante a gigantes como Wall Street, al dólar o a las plataformas de pago Mastercard y Visa, el objetivo europeo es desarrollar infraestructuras propias que permitan el flujo de dinero, la inversión y financiación de empresas dentro del continente sin tener que operar necesariamente a través de redes estadounidenses.
Retos y avances en los pagos: de Bizum a la European Network for Payments
Si comparamos con China, donde el efectivo ha desaparecido prácticamente y los pagos móviles triunfan hasta en las situaciones más humildes mediante códigos QR y plataformas como Alipay o WeChat Pay, Europa aún está fragmentada. En España, Bizum se ha popularizado para transferencias entre particulares y cada vez está más presente en el comercio electrónico, pero su uso se limita principalmente a su territorio nacional.
Otros países cuentan con sistemas similares como Bancomat en Italia, MB WAY en Portugal o Vipps MobilePay en los países escandinavos. El problema es que esta fragmentación dificulta los pagos transfronterizos dentro del continente: un español usando Bizum no puede pagar con esa misma facilidad a un comerciante portugués o italiano.
Para solucionar esto, ha surgido una iniciativa conjunta llamada European Network for Payments (ENP), que agrupa a Bizum, Bancomat, EPI/Wero, SIBS-MB WAY y Vipps MobilePay. Con cerca de 130 millones de usuarios repartidos en 13 países (más del 70% de la población europea y noruega), este proyecto busca crear una infraestructura interoperable que permita que todas estas plataformas se comuniquen entre sí, sin necesidad de recurrir a las redes estadounidenses de pagos.
Imaginemos el caso de un turista español en Italia: hoy día, el comercio italiano probablemente solo acepte tarjetas Visa o Mastercard, pero con esta infraestructura europea interoperable, el turista podría pagar directamente con su app nacional y el comerciante recibiría la operación a través de su sistema local. Lo mismo podría aplicarse para compras online o pagos físicos en tiendas de diferentes países europeos, facilitando el cobro y reduciendo la dependencia de intermediarios extranjeros.
Este cambio no implica eliminar a Visa o Mastercard, que seguirán siendo relevantes, pero sí significa la creación de una infraestructura independiente que garantiza una soberanía financiera real, al ofrecer alternativas propias para operar sin intermediarios estadounidenses.
Además, esta infraestructura cobra aún más relevancia si se combina con el euro digital que prepara el Banco Central Europeo, lo que permitiría un ecosistema completo de moneda, pagos instantáneos y redes financieras europeas.
Las Cuentas Financia Europa: un intento de canalizar el ahorro hacia el continente
Por otro lado, Bruselas también está actuando para que el ahorro de los ciudadanos europeos financie directamente a las empresas del continente, un problema histórico al que se enfrenta Europa. Aunque los hogares europeos ahorran una proporción elevada de sus ingresos, mucho de ese dinero permanece en activos de bajo riesgo o acaba financiando compañías estadounidenses a través de fondos y ETF.
En este contexto, el Gobierno español había aprobado recientemente las Cuentas de Ahorro e Inversión Financia Europa, una herramienta para canalizar parte de esos ahorros hacia la inversión productiva en empresas europeas. Sin embargo, tras la aprobación por decreto, el Congreso rechazó la convalidación de la medida, dejando la iniciativa en suspenso.
La idea de estas cuentas era crear un producto de inversión con ventajas fiscales donde los ciudadanos pudieran mantener hasta 150.000 euros para invertir en acciones, fondos o ETF enfocados en activos europeos.
El estímulo fiscal ofrecía la posibilidad de diferir la tributación de las plusvalías hasta la retirada del dinero, permitiendo la reinversión íntegra y favoreciendo la acumulación de rentabilidad a largo plazo. Además, si la inversión se mantenía más de cinco años, se incluían exenciones y reducciones fiscales adicionales, como la exención de los primeros 10.000 euros de ganancia y la tributación del 80% sobre el resto.
Este producto no estaba diseñado para invertir en cualquier activo, sino para apoyar exclusivamente empresas europeas, buscando fortalecer el ecosistema inversor local y superar las fricciones que limitan la aparición de startups y unicornios en la región.
Reduciendo la dependencia financiera sin desconectarse de Estados Unidos
Es importante aclarar que Europa no busca aislarse del todo de los mercados y redes estadounidenses, sino consolidar sus alternativas para aumentar la autonomía financiera.
Crear una infraestructura que permita que las empresas europeas cobren y los consumidores paguen usando sistemas financieros propios puede tardar años, incluso décadas. Pero el impulso actual indica una apuesta decidida de la Unión Europea para reducir su dependencia histórica.
Este proceso se da mientras la atención mundial está centrada en los aranceles y la tensión comercial impulsada por la administración Trump, cuyos efectos pueden ser pasajeros. En cambio, la edificación de un ecosistema financiero europeo es una estrategia de largo alcance con impacto estructural.
En suma, Europa avanza hacia mercados financieros más integrados, soberanos y eficientes, sentando las bases para un futuro donde su dinero circule libremente a lo largo de sus fronteras sin la necesidad de depender en exceso de Estados Unidos.