Entre 2015 y 2019, Manuela Carmena estuvo al frente del Ayuntamiento de Madrid y, durante su mandato, se apostó por sacar adelante la que sigue siendo la operación urbanística más ambiciosa de España: la remodelación conocida como Operación Chamartín, ahora rebautizada como Madrid Nuevo Norte. Este proyecto tenía como objetivo cerrar la brecha urbana situada en el norte de la capital, recuperando para uso residencial, comercial y de servicios terrenos anteriormente destinados a instalaciones industriales, ferroviarias y municipales.
Tras años de negociaciones y bloqueos, la primera fase de la urbanización empieza finalmente a materializarse con la puesta a la venta de las viviendas, aunque los precios resultan prohibitivos: los inmuebles se ofrecen desde los 500.000 euros en régimen cooperativo, con la mayoría de pisos familiares de tres habitaciones rondando los 800.000 euros, y otras unidades de mayor tamaño superando el millón de euros.
Dificultades y desencuentros en una operación histórica
La Operación Chamartín, desde su inicio durante la alcaldía de Ana Botella (PP), fue un proyecto lleno de obstáculos. La falta de acuerdo entre las tres administraciones implicadas —ayuntamiento, comunidad autónoma y gobierno central—, y la oposición de los propietarios originales de los terrenos, conocidos como reversionistas, impidieron avances decisivos durante esa etapa. El fracaso político fue patente, pues coincidió que el PP controlaba simultáneamente estas instancias y no lograron desbloquear la operación.
Con la llegada de Carmena al Consistorio, se reiniciaron las negociaciones. Sin embargo, estas dieron lugar a una reducción significativa del parque residencial inicialmente planeado: se pasó de 15.000 viviendas previstas a apenas 10.500. De estas, solo un 20% son viviendas protegidas y un 10% de uso social destinadas por el propio Ayuntamiento. Esta drástica disminución, en un momento en que el acceso a vivienda asequible empezaba a ser crítico en Madrid tras la burbuja inmobiliaria, se ha señalado como un error grave por expertos y analistas urbanísticos.
Una oportunidad perdida para Madrid y la vivienda pública
Si el objetivo hubiera sido promover una ciudad más sostenible y accesible, la apuesta debería haber sido mucho mayor. La solución ideal habría sido aumentar la oferta a unas 20.000 viviendas, con al menos la mitad de ellas protegidas o de alquiler social, aprovechando la capacidad espacial de la zona y el potencial del mayor nodo de comunicaciones ferroviarias del país. Esto habría permitido que el área se convirtiera en un cluster urbano densamente dotado de servicios, donde trabajar y vivir en el mismo barrio, potenciando el concepto de «ciudad de los 15 minutos» que hoy defienden numerosas políticas urbanas progresistas.
El desarrollo en Madrid Nuevo Norte podría haber sido la semilla de un sistema de vivienda pública masivo y de calidad, similar a los ejemplos de Singapur y Viena, ciudades que desde mediados del siglo XX han logrado un modelo habitacional accesible, sostenible y socialmente equilibrado. Aunque las circunstancias históricas de estas ciudades fueron especiales, el escenario actual en Madrid podría haber servido para iniciar un cambio estructural semejante.
Contexto y retos actuales para la vivienda en Madrid
El siglo XXI se pronostica como la era de las grandes ciudades, donde la competitividad urbana tendrá un impacto decisivo en el desarrollo económico y social del país. Madrid, como capital y principal motor, debe priorizar la disponibilidad de vivienda digna y accesible para su población. Sin embargo, las decisiones tomadas durante la última década reflejan una mentalidad anclada en modelos obsoletos, con poca capacidad de adaptación a las nuevas necesidades demográficas y urbanísticas.
Este problema se agrava por factores externos como el endurecimiento normativo europeo, especialmente con la nueva edición del Código Técnico de Edificación, que aumenta considerablemente los costes de construcción, encareciendo aún más las viviendas. Por otra parte, el plan final de la Operación Chamartín fue aprobado por consenso entre todos los grupos políticos del Ayuntamiento, desde Más Madrid hasta Vox, pasando por PSOE y PP, evidenciando que la responsabilidad y el fracaso en esta materia es compartido.
Mientras tanto, el suelo de Madrid, especialmente el céntrico y mejor comunicado, se convierte en un recurso escaso que está siendo mal aprovechado. La zona de Madrid Nuevo Norte, estratégica por su conexión intermodal única, debería haber impulsado un ejemplo de urbanismo inclusivo y eficiente. En cambio, se traducirá en viviendas de elevado coste y un modelo residencial alejado del ideal social y sostenible.
En definitiva, la puesta a la venta de las primeras viviendas en este histórico desarrollo urbanístico confirma las limitaciones de la política de vivienda pública y la gestión urbanística reciente, que ha llevado a que el acceso a la vivienda en Madrid sea cada vez más caro y difícil para la mayoría de su población.
Imagen | David Arenal y Crea Madrid Nuevo Norte