Despedido en Iowa: profesora ofrece puntuación extra a cambio de donaciones para viaje personal

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Stephanie Mullaley, profesora sustituta en un instituto de Iowa, Estados Unidos, ha perdido su empleo y el acceso a prestaciones por desempleo tras ofrecer a sus estudiantes la posibilidad de mejorar sus notas si realizaban donaciones a su campaña de financiación en GoFundMe. La reclamación económica buscaba reunir 1.800 dólares para cubrir los gastos de transporte y alojamiento de un viaje a Ecuador, donde tenía previsto trabajar como intérprete para un equipo médico de misión.

La iniciativa, que comenzó hace unas semanas, reunió únicamente 140 dólares antes de que surgieran varias quejas por parte de padres y otros miembros de la comunidad educativa. La dirección del centro decidió apartar a Mullaley, la cual fue además sancionada administrativamente cuando un juez determinó que su conducta representaba un “desprecio deliberado o temerario” hacia los intereses del distrito escolar que la contrató.

El fallo judicial estableció que la acción de la docente constituía una falta grave lo suficientemente seria para impedir que accediera a las prestaciones por desempleo, un derecho habitual para profesores despedidos en circunstancias menos controvertidas.

Este incidente ha generado un debate sobre los límites éticos y legales en la relación entre autoridad educativa y alumnos, especialmente cuando se mezclan incentivos económicos con evaluaciones académicas. La posición de Mullaley, como profesora, y la asociación directa entre donaciones y puntajes extra fueron elementos cruciales para la decisión administrativa y social que siguió a la polémica.

En comparación con la legislación española, una conducta similar podría considerarse una transgresión de la buena fe contractual, tipificada en el artículo 54.2.d del Estatuto de los Trabajadores. Dependiendo de las circunstancias, este acto podría ser clasificado como falta grave, con consecuencias que llegan hasta el despido disciplinario procedente, que no da derecho a indemnización, aunque mantiene el derecho a percibir el finiquito.

Además, el caso pone sobre la mesa la delicada situación que puede generar la tecnología y las plataformas digitales, como las campañas de crowdfunding. Aunque el crowdfunding ha sido un método válido en España y otros países para financiar proyectos, su uso para solicitar dinero a personas sobre las que se ejerce algún tipo de autoridad o influencia directa puede desembocar en conflictos éticos y profesionales.

En este sentido, la conducta de Mullaley resalta la necesidad de definir claramente los límites de lo permitido en el entorno laboral y educativo, especialmente en la era digital, para evitar abusos de confianza o conflictos de intereses que perjudiquen tanto a trabajadores como a los usuarios o beneficiarios de su labor.

La sanción a Mullaley y la repercusión del caso sirven como ejemplo de las estrictas normas que regulan la ética profesional y las relaciones contractuales en el sector educativo, subrayando la importancia de mantener la integridad en la evaluación académica y la separación de actividades personales y laborales.

Esta situación deja un precedente relevante para instituciones educativas y profesionales del ámbito académico, reforzando que la vulneración de principios éticos y contractuales puede acarrear consecuencias legales y laborales severas.

Imagen | Eduard Perez (vía Pexels)

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