El sistema tributario del Reino Unido está experimentando actualmente un récord en la cantidad de impuestos vigentes, superando niveles que no se veían desde 1834, tras la guerra contra Napoleón. Mientras que se sabe que la carga fiscal es la más alta desde 1945, lo que pocos habían percibido es que el número total de gravámenes del país ha alcanzado hoy su máximo histórico desde el siglo XIX.
En aquella época, el Estado británico, movilizado para hacer frente a una prolongada guerra contra Francia, aumentó considerablemente la cantidad y diversidad de impuestos para financiar el conflicto y construir el aparato estatal moderno. A lo largo del siglo XX, sin embargo, conforme el tamaño del Estado crecía, el número de impuestos disminuyó, concentrándose en unas pocas figuras tributarias principales.
Esta tendencia cambió bruscamente hace unos treinta años. De forma inesperada, el sistema fiscal comenzó a fragmentarse con una rápida proliferación de nuevos impuestos, muchos de ellos pequeños y específicos a sectores determinados. Curiosamente, este aumento en la variedad no se basó en una mayor presión fiscal general -que se mantuvo relativamente estable hasta hace poco-, sino en la diversificación del sistema tributario.
Datos históricos y evolución
El estudio del conjunto de impuestos desde Guillermo el Conquistador hasta hoy muestra dos grandes picos en la cantidad de impuestos. El primero se sitúa a finales del siglo XVIII, vinculado a las necesidades financieras extraordinarias durante las guerras napoleónicas. La introducción del impuesto sobre la renta en esta época supuso la mayor contribución al crecimiento fiscal, acompañada por numerosos gravámenes secundarios sobre objetos tan variados como perros o pelucas. Tras el fin de estas guerras, el volumen de impuestos bajó con una racionalización sustancial.
El segundo gran cambio se produjo durante la Primera Guerra Mundial, cuando la expansión del gasto público fue continuada y significativa. Sin embargo, esta vez el aumento del nivel estatal se financió a través de unos pocos impuestos grandes y generales, y el total de impuestos activos disminuyó.
Desde los años 90 hasta la actualidad, sin embargo, el escenario se ha transformado nuevamente. Mientras que el porcentaje de impuestos sobre el PIB ha mostrado un incremento moderado, el número de impuestos vigentes ha aumentado drásticamente. Diversas teorías explican este fenómeno:
- Impuestos ocultos: Esta estrategia busca reducir la carga visible del impuesto sobre la renta gravando sectores o servicios específicos mediante pequeños tributos que, aunque recargan indirectamente a la población, resultan menos perceptibles.
- Impuestos ambientales: Introducidos a partir de los años 90, gravan actividades o bienes con impacto ecológico, como el consumo de plástico o emisiones contaminantes.
- Impuestos transferidos a las administraciones devolutas: Con la creación de gobiernos regionales en Escocia y Gales, surgieron nuevas categorías impositivas desde 2015 y 2017.
- Gravámenes de comportamiento: Tasas específicas para modificar hábitos ciudadanos, como impuestos sobre bolsas de plástico o bebidas azucaradas, también son un fenómeno reciente.
A pesar de que el número de impuestos no deja de crecer, muchos de estos gravámenes aportan ingresos marginales pero sí generan cargas administrativas y costes tanto para los contribuyentes como para la Agencia Tributaria. Por ello, algunos expertos defienden la conveniencia de revisar y simplificar el sistema.
Metodología y limitaciones del análisis
Para elaborar este análisis se han identificado 369 episodios fiscales distintos recogidos en 339 impuestos, utilizando fuentes históricas desde el siglo XIX, como la detallada obra de Stephen Dowell de 1884 y estudios recientes de la London School of Economics. La definición de “impuesto” sigue los criterios de la Oficina Nacional de Estadísticas británica (ONS, por sus siglas en inglés).
El estudio se centró principalmente en Inglaterra y Gran Bretaña, con menos datos de impuestos históricos de Escocia e Irlanda, debido a la disponibilidad limitada de registros. Asimismo, se consideran las incertidumbres sobre fechas exactas de vigencia y la dificultad para distinguir entre impuestos formales, tasas administrativas y recargos específicos.
En conjunto, se detectan importantes diferencias en la granularidad del recuento: algunas categorías fiscales se cuentan como únicos impuestos aunque incluyan subimpuestos, mientras que otras podrían considerarse múltiples tributos por separado.
Por último, se cruzan estos datos con la proporción histórica de ingresos fiscales sobre el PIB, mostrando una relación compleja entre la cantidad de impuestos y la recaudación efectiva.
Contexto y perspectivas
Los datos muestran que el Reino Unido posee hoy una estructura fiscal notablemente fragmentada, con muchos impuestos pequeños y especializados que cubren una amplia gama de sectores y comportamientos económicos. Esta complejidad refleja tanto la evolución histórica de la política fiscal como los nuevos objetivos sociales y medioambientales.
Sin embargo, la proliferación tributaria también plantea desafíos en términos de eficiencia administrativa, transparencia y equidad. Mientras que el volumen de impuestos ha crecido, no necesariamente ha supuesto un aumento proporcional en el recaudo, pero sí implica costes indirectos.
Por tanto, la discusión sobre reformar el sistema tributario para reducir su complejidad, mantener la capacidad recaudatoria y preservar objetivos sociales sigue abierta, con propuestas para eliminar impuestos que generan altos costes de administración y bajos ingresos.