José María, albañil oficial de primera de 64 años, lleva más de 50 dedicado al oficio. Con una trayectoria que comenzó a los 14 años, trabaja actualmente en Madrid. Recientemente se postuló para un empleo ofrecido por un ayuntamiento y, para su sorpresa, le comunicaron que el requisito indispensable era dominar el inglés. Ante esta situación, su respuesta, que rápidamente se volvió viral en redes sociales, fue contundente e irónica: “No sabía que tenía que hablar inglés con los ladrillos”.
Este episodio, que a primera vista podría parecer solo una anécdota humorística, refleja un problema estructural que vive el sector de la construcción en España. La realidad es que, aunque se habla constantemente de una carencia de mano de obra, la realidad sobre las condiciones laborales y el perfil de los trabajadores es mucho más compleja y preocupante.
Un sector envejecido y poco atractivo para los jóvenes
Según los datos de la patronal de la construcción, hacen falta alrededor de 700.000 nuevos trabajadores para cumplir con la demanda creciente en obra y reforma. Sin embargo, solo el 10,8% de los operarios tiene menos de 30 años, y más del 22% supera los 55. Esta clara falta de relevo generacional señala una alarmante cuenta atrás: en la próxima década, uno de cada cinco empleados del sector se jubilará, y tan solo en cinco años alrededor de 139.000 albañiles colgarán las botas.
El propio José María confirma esta realidad en primera persona, señalando que en su obra hay un solo joven de 28 años, el resto supera ampliamente los 50 años. El problema radica también en la remuneración: los salarios iniciales están estancados y no acompañan a la inflación. “Lo primero que preguntan los jóvenes es cuánto van a cobrar. ¿1.200 euros? Para eso no trabajo”, afirma categóricamente. En dos décadas, su salario apenas ha aumentado 100 euros y no oculta la pérdida del poder adquisitivo al recordar que “antes con 400 pesetas podías comprar muchas cosas y ahora ni un café”.
Más que falta de brazos, falta de condiciones
El problema, por lo tanto, no se limita a la escasez de trabajadores sino a la insuficiente competitividad del sector para atraer y retener talento joven. Mientras algunos oficiales especializados o autónomos pueden percibir un buen sueldo, el salario base ha quedado desfasado y, por ende, desincentiva la entrada de nuevo personal. El sector se enfrenta a una crisis de atracción; no basta solo con buscar nuevos trabajadores, sino que es imprescindible mejorar las condiciones económicas y laborales para que los oficios manuales resulten una opción viable y digna.
La inmigración como parche temporal
Para sostener la actividad, el sector ha venido apoyándose en la mano de obra extranjera. Actualmente, más del 25% de los trabajadores en la construcción son inmigrantes, principalmente originarios de Marruecos, Rumanía y Colombia. Este porcentaje aumenta notablemente en los oficios más básicos: casi el 40% de los albañiles y cerca del 50% de los peones provienen de otros países. Desde 2022, cuatro de cada diez nuevas contrataciones han correspondido a trabajadores inmigrantes. Sin embargo, este fenómeno funciona como una solución provisional y no resuelve el problema endémico de la falta de relevo local.
Cambios visibles, pero insuficientes
No todo en el sector es negativo. Hay avances en ciertos aspectos como la cualificación: el 36,8% de los trabajadores cuentan con certificación profesional, formación universitaria o certificados específicos, desmontando el estereotipo del peón sin preparación. Por otro lado, la participación femenina ha aumentado un 15,3% en el último año, aunque sigue siendo minoritaria con apenas un 11,5% del total de afiliados al régimen especial de la construcción. En lo político, medidas como la defensa de la jubilación a los 65 años para trabajos en altura han sido destacadas recientemente por la vicepresidenta Yolanda Díaz, lo que puede ayudar a mantener a los trabajadores en activo más tiempo.
Absentismo en aumento y coste para las pequeñas empresas
Además del envejecimiento y la escasa incorporación, la construcción sufre un aumento preocupante del absentismo laboral. En 2025, cada empleado se ausentó casi 113 horas de media, cifra que se ha duplicado en los últimos diez años. Más del 80% de estas ausencias corresponde a bajas médicas, suponiendo un coste de 3.565 millones de euros. Las pequeñas empresas, que conforman la mayoría del sector y que tienen mayores dificultades para cubrir plantillas, soportan dos tercios de esta carga económica.
Un sector esencial que requiere respuestas urgentes
La construcción está en un momento de récord histórico en ocupación desde 2010, con 1,53 millones de empleados, y al mismo tiempo enfrenta una de sus mayores crisis estructurales. La paradoja de la carencia de trabajadores frente a la exigencia de ciertas condiciones inexplicables —como pedir dominar el inglés para un trabajo manual— pone en evidencia la necesidad de replantear el atractivo y la sostenibilidad del oficio. No es cuestión de idiomas, sino de ofrecer condiciones dignas y salarios que justifiquen el esfuerzo, en todos los rangos de edad y perfiles.
Por tanto, la gran pregunta que el gremio debe enfrentar no es si se habla inglés con los ladrillos, sino si quienes construyen nuestro país pueden seguir apostando por esta profesión frente a unos salarios y condiciones que no acompañan la realidad de hoy.