La inteligencia artificial está irrumpiendo en las salas de dirección de forma vertiginosa, pero muchas compañías aún no saben cómo integrarla eficazmente. Para Jim Harris, especialista en innovación disruptiva y GenAI, el mayor riesgo no es avanzar despacio, sino simplemente añadir tecnología a procesos anticuados esperando resultados revolucionarios.
Harris, que ha asesorado a organizaciones como American Express, Barclays, IBM y el Gobierno del Reino Unido, y fue reconocido en 2024 como Speaker of the Year por TEC Canada, asegura que las empresas deben replantear sus sistemas desde la base para aprovechar el verdadero poder de la IA. En esta entrevista exclusiva con AI Speakers Agency, aborda cómo las compañías pueden gestionar el miedo de sus empleados frente a la IA y la importancia de mantener el factor humano en la ecuación tecnológica.
Crear seguridad psicológica frente al miedo a la IA
Para minimizar el rechazo interno, Harris destaca que lo primero es generar confianza. «La mayoría de las personas en países desarrollados temen a la IA por miedo a perder sus trabajos. Las nuevas tecnologías generan incomodidad, por lo que hay que trabajar para comunicar que los puestos están seguros, ofrecer formación y mostrar que la IA potenciará las habilidades y la empleabilidad de cada profesional», explica.
Repensar procesos en lugar de alterar los existentes
Harris comparte una experiencia recogida en el Consumer Electronics Show (CES) en Las Vegas, donde entrevistó al responsable de IA de Ernst & Young (EY) en Estados Unidos. La firma invirtió mil millones de dólares para actualizar su proceso de gestión de riesgos, que originalmente requería 46 horas. Al aplicar IA sobre el método vigente, lograron reducirlo a 32 horas, un avance notable pero no revolucionario.
Sin embargo, cuando rediseñaron el proceso desde cero con un equipo nuevo basado en IA y sin experiencia previa en dicho procedimiento, la duración cayó sorprendentes 15 minutos. Luego, ajustaron el método para cumplir con estándares de cumplimiento, estabilizándolo en seis horas finales. «Esto muestra que no basta con añadir una capa tecnológica a procesos antiguos. Hay que imaginar cómo sería el procedimiento ideal hoy, desde la nada, y permitir que nuevos enfoques rompan las inercias,» subraya.
El impacto real de la IA va mucho más allá de ChatGPT
Para ilustrar el alcance disruptivo de la IA, Harris cita a Demis Hassabis, fundador de Google DeepMind y vencedor del Nobel en 2024. Gracias a AlphaFold, un sistema de IA que en dos segundos mapea la estructura de una proteína (un trabajo que antes requería cinco años de investigación doctoral), se ha transformado la biomedicina. Ahora se pueden identificar proteínas vinculadas al desarrollo precoz del cáncer, lo que abre la puerta a tratamientos que actúan desde fase cero.
Harris enfatiza que aunque ChatGPT es un ejemplo popular, hay más de cien mil aplicaciones actuales de IA en el mundo empresarial que ofrecen mejoras y oportunidades aun más significativas.
La IA como complemento, no sustituto, del talento humano
Para Harris, la IA debe considerarse como un becario muy inteligente: capaz de realizar investigación y proporcionar material operativo, pero que siempre requiere supervisión y juicio humanos para pulir y validar resultados. «Es una herramienta poderosa, no un reemplazo al criterio humano. La integración óptima es aquella que combina capacidades técnicas y experiencia profesional,» afirma.
Personalizar la comunicación para conectar con cada audiencia
Al preparar conferencias o charlas sobre IA, Harris destaca la importancia de entender el contexto del público. Mantiene reuniones previas con organizadores y realiza entrevistas breves con diversos participantes para captar sus inquietudes y necesidades concretas. Ello le permite adaptar la charla al sector, funciones y nivel de experiencia, logrando que los asistentes perciban el mensaje como propio y relevante. «El mayor elogio es cuando alguien me pregunta si llevo años trabajando en su sector por lo bien que se ajusta el contenido,» concluye.