La duración y el salario son los pilares fundamentales para calcular la indemnización por despido, aunque el importe exacto varía según el tipo de despido y las circunstancias específicas del contrato. Un ejemplo sencillo consiste en un trabajador con un salario diario de cincuenta euros y una antigüedad de tres años y medio. Sobre esta base, se puede hacer un cálculo básico para conocer la compensación económica en caso de despido, explican fuentes especializadas.
En España, el Estatuto de los Trabajadores establece las reglas para calcular estas indemnizaciones. Para los despidos objetivos, la indemnización corresponde a veinte días de salario por cada año trabajado, con un máximo de doce mensualidades, es decir, hasta 360 días de salario como límite. En cambio, para los despidos improcedentes, la cifra asciende a treinta y tres días por año trabajado, prorrateado por meses para periodos inferiores a un año, con un tope máximo de veinticuatro mensualidades, equivalentes a 720 días.
Esto implica que la antigüedad no solo es un dato que se refleja en la nómina, sino que incide directamente en la indemnización. Por ejemplo, un trabajador con 3,5 años de antigüedad que cobra 50 euros diarios recibiría, en caso de despido improcedente, un total de 5.775 euros en indemnización (33 días × 3,5 años × 50 euros). Si el despido es objetivo, la cifra baja a 3.500 euros (20 días × 3,5 años × 50 euros). La diferencia entre ambas cantidades supera los 2.200 euros, equivalente a más de un mes de sueldo del empleado.
Para alcanzar el tope máximo, en despidos objetivos haría falta una antigüedad cercana a los 18 años, mientras que en los improcedentes se requieren casi 22 años en la empresa. Además, la legislación contempla que los períodos inferiores a un año se prorrateen mensualmente, un detalle importante que incrementa proporcionalmente la indemnización cuando se supera ese umbral.
Aspectos esenciales y matices legales
El artículo 53 del Estatuto de los Trabajadores regula el cálculo para despidos objetivos, señalando que la empresa debe abonar la indemnización al trabajador al mismo tiempo que entrega la comunicación formal de despido. Por otro lado, el artículo 56 se ocupa de los despidos improcedentes e indica un sistema indemnizatorio más generoso.
No obstante, el importe inicial puede variar después de una impugnación. Si el trabajador recurre el despido y el juez determina que es improcedente, la empresa tiene que optar por readmitir al empleado o abonar la indemnización correspondiente más los salarios de tramitación, es decir, los salarios dejados de percibir entre la fecha de despido y la sentencia. Este escenario puede aumentar notablemente la compensación final.
Casos recientes avalan la relevancia de este tema. Por ejemplo, hay sentencias en las que se reconoce la improcedencia del despido debido a decisiones relacionadas con el uso de nuevas tecnologías, o incluso situaciones de despido por motivos personales como el cuidado de familiares dependientes, como refleja un caso italiano donde se concedió una indemnización de 30.000 euros a una mujer que fue despedida por cuidarse en la playa mientras atendía a su madre con Alzheimer.
En definitiva, revisar la modalidad de despido y cómo se calcula la indemnización en la documentación es fundamental para quienes se enfrentan a un finiquito. La antigüedad en la empresa juega un papel crucial y, en muchos casos, puede suponer una diferencia económica sustancial, especialmente si el despido es declarado improcedente.
Imagen: Kateryna Babaieva (vía Pexels)