Ángeles, albañil a los 52 años: «Hay trabajo para todos, aunque digan que venimos a quitárselo»

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Ángeles Casañas, a sus 52 años, decidió cambiar de rumbo laboral tras una larga etapa de inestabilidad y desempleo. Aunque había conocido el mundo de la construcción desde joven, gracias a la experiencia de su padre fontanero, fue un proceso nada sencillo volver a la obra. Después de estar cuatro años sin trabajo, una orientadora laboral le habló sobre la posibilidad de especializarse en albañilería y, tras completar su formación en la Fundación Laboral de la Construcción de Las Palmas, obtuvo su certificado profesional y logró incorporarse al sector.

Su experiencia formativa fue inclusiva, compartiendo curso con tres mujeres y tres hombres. Sin embargo, la verdadera dificultad llegó a la hora de buscar su primer empleo. Ángeles relata que presentó su currículum en más de 15 empresas, enfrentándose al rechazo recurrente y a actitudes discriminatorias en varias constructoras, algunas de las cuales directamente desestimaron contratarla por ser mujer. Una de las respuestas más duras que recibió fue: «Si son mujeres, ni se molesten». A pesar de estos obstáculos, hoy forma parte de una cuadrilla, y destaca que en una profesión históricamente dominada por hombres, hay espacio para todos. «Dicen que las mujeres venimos a quitarles el trabajo, pero hay trabajo para todos», afirma convencida.

Escasez de mano de obra en el sector de la construcción

Este tipo de rechazo resulta cuando menos paradójico si se observa la situación del sector en España. Según datos del Instituto de Estudios Económicos, recogidos por El Independiente, un 64% de las empresas dedicadas a la construcción de viviendas declara tener dificultades para encontrar mano de obra suficiente y cualificada. El envejecimiento de la plantilla y la falta de relevo generacional son problemas que agravan esta carencia, lo que convierte en un auténtico reto hallar trabajadores adecuados para satisfacer la demanda actual.

Descartar candidatas válidas por motivos de género no solo es injusto, sino que además deteriora aún más la capacidad del sector para afrontar su déficit laboral.

Incremento notable de mujeres en la construcción

Más allá de casos aislados de discriminación, los datos oficiales reflejan un cambio gradual en la presencia femenina. Al cierre de 2025, había 166.833 mujeres afiliadas en el sector, cifra que representa el 11,5% del total de la plantilla y marca el sexto año consecutivo en ascenso. Además, el 93,3% de ellas contaba con contrato indefinido y el 76,6% trabajaba a jornada completa, según el Observatorio Industrial de la Construcción. Estas cifras evidencian un avance firme en la incorporación y estabilidad de la mujer en un ámbito históricamente masculinizado.

Implicaciones legales de la discriminación por sexo en el empleo

La exclusión explícita de candidatas por razón de género puede constituir discriminación directa, prohibida por la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Este marco legal establece el principio de igualdad de trato y oportunidades en el acceso al empleo y define como discriminatorio el trato menos favorable por sexo. Por tanto, negar un puesto a una mujer únicamente por serlo puede acarrear consecuencias jurídicas para la empresa responsable.

Una oportunidad para mujeres y mayores de 50 años

La realidad demográfica continúa empujando a perfiles poco habituales a integrarse en la construcción, especialmente mujeres y personas mayores de 50 años, dos grupos con elevado desempleo de larga duración. Turnos estables y trabajos físicos adaptados han permitido a Ángeles y a otras profesionales demostrar que la eficacia laboral no depende ni de la edad ni del género. Ella misma comenta que realiza las mismas tareas que sus compañeros y que cuando una labor requiere más esfuerzo, se apoyan mutuamente para conseguir el objetivo.

La historia de Ángeles Casañas es un reflejo de perseverancia frente a la adversidad. Su integración en un sector que demanda mano de obra, sumada al crecimiento sostenido de presencia femenina, abre la puerta a nuevas oportunidades. El mensaje que transmite es claro: la construcción puede y debe ser un espacio inclusivo donde el trabajo alcance para todos sin prejuicios.

Imagen | Fundación Laboral de la Construcción

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