Amancio Ortega, que cumple 90 años, se mantiene como una de las figuras empresariales más relevantes a nivel mundial, con una fortuna estimada en 140.000 millones de dólares según Forbes. Sin embargo, detrás de este gigante de la moda, se encuentra una historia marcada por la dedicación absoluta al trabajo desde muy joven y ninguna oportunidad para continuar estudios formales.
En una entrevista recopilada por la periodista Covadonga O’Shea —quien entrevistó a Ortega en 1990 en Arteixo y publicó años después el libro «Así es Amancio Ortega, el hombre que creó Zara»— el empresario gallego confesó: «No tenía tiempo para estudiar porque trabajaba las 24 horas del día. Lo que más lamento después de tantos años es no hablar inglés». Esta limitación, en apariencia significativa para alguien que convirtió su pequeña empresa en un grupo internacional, no frenó su ascenso. Ortega compensó la falta del idioma escuchando atentamente y aprendiendo de quienes le rodeaban.
El origen humilde de Ortega explica en gran medida sus palabras. Nacido en 1936 en Busdongo de Arbas, León, en una familia modesta con un padre ferroviario y una madre dedicada al hogar, dejó la escuela pronto para comenzar a trabajar como recadero en la Camisería Gala de A Coruña. Más tarde, se incorporó a La Maja, donde recibió su capacitación básica en tejidos, confección y venta. Fue allí donde conoció a Rosalía Mera, su primera esposa y socia clave en los inicios de su negocio.
Esta trayectoria no se corresponde con la de un empresario formado en prestigiosas escuelas de negocios, sino con un autodidacta que se apoyó en la experiencia práctica y la observación constante, una actitud que lo llevó a consolidar un imperio empresarial.
La andadura comenzó en 1963, cuando Ortega inició su actividad como fabricante textil, y en 1972 creó Confecciones GOA —iniciales de su nombre invertidas—, un pequeño taller especializado en batas y albornoces. Tres años después abrió la primera tienda Zara en la céntrica calle Juan Flórez de A Coruña. Inditex nació oficialmente en 1985 y en 1988 la marca llegó a su primera tienda exterior en Oporto. Para el momento en que O’Shea visitó la sede en 1990, la internacionalización ya estaba en marcha.
Ortega resumía su fórmula para el éxito en aquella época diciendo: «Lo que hay que hacer es trabajar con pasión. Eso me lo enseñaron mis padres, unos obreros normales que vivieron tiempos difíciles en España». Añadía además una advertencia para quienes confían demasiado en el optimismo: «Nunca nos hemos confiado ni hemos aceptado un éxito fácil. El optimismo puede ser muy negativo. ¡Hay que arriesgar!».
Aunque nunca aprendió inglés, su habilidad le permitió expandir su patrimonio hacia otros sectores. A través de su sociedad Pontegadea Inversiones, es propietario de numerosos edificios que alquila a gigantes tecnológicos como Meta, Amazon y Spotify. En 2026, por ejemplo, destinó más de 1.302 millones de euros a operaciones inmobiliarias, ampliando su cartera a 132 activos repartidos en 13 países. La inversión más grande fue la compra de un complejo de oficinas en París valorado en 850 millones de euros, la mayor adquisición individual que ha realizado.
Actualmente, la gestión de Inditex recae en su hija Marta Ortega, quien asumió la presidencia en abril de 2022. El relevo fue interpretado como una versión local de una familia poderosa en los negocios, con el tiempo como juez del éxito de esta transición. Amancio Ortega conserva el control sobre un 59,29 % del grupo mediante sus sociedades. A sus 72 años, confesó disfrutar del pequeño lujo de llegar un poco más tarde a la oficina tras practicar deporte y compartir el desayuno con amigos, evitando un estilo de vida basado en extravagancias.
La reflexión final que deja esta trayectoria es sobre cómo se puede levantar un imperio sin formación académica ni dominio del inglés: la constancia, la observación, el aprendizaje continuo y la negativa a aceptar un éxito facilitado. En definitiva, a Ortega no le faltó idioma, sino tiempo, que aún con nueve décadas a sus espaldas sigue echando en falta.