El Reino Unido tiene 90 impuestos: un vistazo completo a su sistema tributario

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El Reino Unido cuenta con un total de 90 impuestos diferentes en vigor, un detalle que revela la complejidad y diversidad del sistema tributario británico. Un reciente gráfico interactivo permite visualizar estos impuestos, categorizados por tipo y cuantía, y arroja luz sobre por qué existen tantos y cómo contribuyen a los ingresos del Estado.

La información corresponde al año fiscal 2024/25 y su análisis demuestra la dependencia significativa del gobierno británico en los impuestos relacionados con el empleo. Entre estos se incluyen el impuesto sobre la renta, las cotizaciones a la Seguridad Social y el impuesto de formación profesional. Esta estructura es común en países de la OCDE, salvo en casos excepcionales como pequeñas naciones o aquellas con abundantes recursos petrolíferos.

Juntos, estos impuestos sobre la mano de obra, el impuesto al valor añadido (IVA) y el impuesto de sociedades representan aproximadamente tres cuartas partes de todos los ingresos fiscales en el Reino Unido. Por esta razón, la decisión del Partido Laborista de no aumentar estos tributos en su programa electoral ha sido vista como una sorpresa, a pesar de su intención inicial de incrementar la recaudación.

En el gráfico presentado, sólo aparecen 81 de estos impuestos. Los nueve restantes existen legalmente, pero actualmente no generan ingresos debido a su inaplicabilidad o a su carácter obsoleto.

La pregunta que surge entonces es: ¿por qué el Reino Unido necesita tantos impuestos? Parte de esta diversidad es comprensible y está justificada. Cada tipo de impuesto cumple una función diferente: algunos gravan la renta, el consumo, las ganancias empresariales, la propiedad, plusvalías o daños medioambientales. Además, ciertos impuestos tienen un objetivo disuasorio, como los que aplican sobre el tabaco, alcohol, el juego o la contaminación, con el fin de promover conductas responsables y reducir externalidades negativas.

No obstante, gran parte de la complejidad actual se debe a factores políticos. A lo largo de los años, distintos gobiernos han añadido nuevos tributos pequeños y específicos buscando reducir el impacto visible sobre el contribuyente. Estas tasas pequeñas —sobre bancos, acciones o sectores concretos— estuvieron acompañadas de discursos políticos y campañas mediáticas, pero rara vez contemplaron fechas para su derogación.

Así, el sistema fiscal británico puede verse como un juego de Jenga que crece con apilamientos sucesivos de impuestos, sin que nadie se atreva a reorganizar las capas inferiores ni eliminar cargas heredadas.

Uno de los impuestos más curiosos es el llamado “bearer instrument duty” (BID), que grava documentos financieros que han dejado de existir y que actualmente no produce ingresos. Este impuesto, considerado una reliquia histórica, estuvo próximo a ser abolido, pero sigue vigente, lo que evidencia la dificultad para llevar a cabo reformas profundas en el sistema tributario.

En contraste, figuras como Nigel Lawson, exministro de Finanzas, destacaron en su etapa por eliminar un impuesto cada año. Si la actual ministra de Hacienda, Rachel Reeves, adoptara una política similar hoy, sería una sorpresa mayúscula para la opinión pública, aunque probablemente no supondría una pérdida significativa de ingresos.

Metodología del análisis

El punto de partida para el análisis y el gráfico es la previsión del Office for Budget Responsibility (OBR) realizada en marzo de 2026, referente al ejercicio 2024/25. El total estimado de ingresos por impuestos nacionales para ese periodo es de 1.013,286 billones de libras, equivalentes al 34,536% del PIB. Para la comparativa, se dedujeron las devoluciones del IVA por 58.870 mil millones, ajustando el total a 954.416 mil millones de libras.

El PIB nominal empleado como base para los cálculos fue de 2,934.021 mil millones de libras, según la estimación del OBR para el mismo periodo.

Se eligió el año fiscal 2024/25 porque es el último en el que se dispone de una clasificación completa de todos los impuestos y con datos consolidados. Existen cifras más recientes pero estas son provisionales o contabilizadas en base de caja, lo que dificulta su análisis para una panorámica global.

Aunque los datos son oficiales, la forma de agrupar los impuestos es una clasificación propia, diseñada para facilitar la comprensión, agrupándolos según su naturaleza: empleo, activos, consumo, beneficios empresariales, propiedades, riqueza o impacto ambiental.

Algunos ingresos fiscales como cargos regulatorios, tasas de licencias y otros recargos que no se consideran tradicionalmente impuestos, también se incorporan aquí porque el OBR los incluye dentro de la categoría de “impuestos nacionales”. Por ejemplo, la tasa obligatoria por licencia de televisión o el impuesto ATOL, aplicación del sector turístico, que fue reclasificado como impuesto en 2012.

Los datos utilizados proceden del OBR, HM Revenue & Customs (HMRC) y la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS), asegurando así la fiabilidad y actualización del análisis.

El gráfico interactivo, disponible online, fue creado con la tecnología Apache ECharts y permite a los usuarios explorar cada impuesto con detalle, observando su peso relativo en libras, porcentaje del PIB o porcentaje de los ingresos fiscales totales.

En definitiva, el sistema fiscal británico es una compleja red de gravámenes que refleja tanto consideraciones económicas como decisiones políticas acumuladas con el tiempo, y cuyo conocimiento resulta esencial para entender la recaudación y distribución de la carga impositiva en el Reino Unido.

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