Una cerveza puede valer más que la limpieza de una habitación de hotel. Así lo resume Vania Arana, limpiadora y presidenta de Las Kellys Cataluña, quien denunció en una entrevista reciente una realidad laboral alarmante en el sector hotelero español: «Limpiamos 29 habitaciones al día y nos pagan menos de 1,50 euros por cada una». Esta afirmación refleja un escenario de explotación y precariedad profundamente arraigado en el turismo español.
Nacida en Trujillo, Perú, Vania llegó a Madrid en 1992 con un título de profesora de secundaria que nunca fue reconocido en España. Desde 1996 trabaja en hoteles de Cataluña, principalmente a través de Empresas de Trabajo Temporal (ETTs), acumulando años de experiencia y enfrentándose a las duras condiciones laborales que afrontan miles de camareras de piso.
Los números son contundentes: jornadas que pueden superar las 29 habitaciones, salarios mensuales que apenas alcanzan los 820 euros y un pago inferior a 1,50 euros por habitación limpiada. Según relata Vania, en 2014, ella y sus compañeras vivieron una campaña agresiva de una gran cadena hotelera en Barcelona para que abandonaran sus puestos por agotamiento. «Limpiábamos 30 habitaciones sin descansos, ni tiempo para comer o beber, nos perseguían para que desistieran», denuncia.
Esta lucha derivó en una demanda que finalmente permitió la readmisión de las despedidas. Fue entonces cuando nació el colectivo Las Kellys, que comenzó a organizarse en redes sociales en 2014, constituyéndose como asociación en 2016 y como sindicato en 2018. Actualmente, Las Kellys tienen presencia en ocho territorios y se han convertido en un referente para la defensa de los derechos laborales de estas trabajadoras.
El turismo español en jaque por la precariedad
España, cuyo turismo representó el 12,6% del PIB en 2024 según el Instituto Nacional de Estadística (INE), recibió en 2025 un récord histórico de 96,8 millones de turistas internacionales. Detrás de esta bonanza económica, el colectivo que mantiene la limpieza y el orden en los alojamientos turísticos sufre las consecuencias de la externalización laboral.
La práctica habitual de subcontratar a las camareras de piso a través de empresas externas, aunque prohibida por ley cuando se trata de actividades principales de la empresa, sigue siendo ignorada por la gran mayoría de los hoteles. «La ley prohíbe subcontratar nuestra actividad, que es limpiar habitaciones, pero no pasa nada», denuncia la presidenta de Las Kellys.
Mientras los precios de los hoteles se han incrementado notablemente en los últimos años, estos aumentos no se traducen en mejoras salariales para las trabajadoras que enfrentan una sobrecarga de trabajo y condiciones laborales abusivas.
Un colectivo enfermo y desgastado
El impacto de estas condiciones laborales también se refleja en la salud física y mental de las camareras de piso. Un estudio realizado por CCOO en diciembre de 2023 reveló que el 95,9% de las trabajadoras encuestadas manifestaba síntomas de ansiedad, y aproximadamente el 40% presentaba también síntomas de depresión. «Somos un colectivo enfermo, vamos a trabajar con fajas, tobilleras y tomando analgésicos», comenta Vania sobre la realidad diaria del sector.
Ante esta situación, la presión para conseguir un cambio legislativo ha sido constante. La conocida como Ley Kelly busca acabar con la externalización, reconocer las enfermedades profesionales propias del sector y facilitar una jubilación anticipada para estas trabajadoras. Sin embargo, Vania lamenta que las promesas institucionales no se hayan materializado aún: «Nos dicen que están a nuestro lado, pero le pedimos que cumplan y aprueben la bendita Ley Kelly».
Alternativas y movilización
Consciente de la precariedad y la falta de reconocimiento, Las Kellys han impulsado además una central de reservas destinada a promocionar hoteles que respeten los derechos laborales de sus empleadas, apostando por un turismo más justo y sostenible desde el punto de vista social.
El auge constante del turismo en España, con su récord de visitantes internacionales, contrasta con la realidad de quienes sostienen el sector desde dentro. A medida que crece la demanda, también aumenta la presión sobre estas profesionales, evidenciando una economía turística que se expande sin cuidar a quien la mantiene en marcha.
El turismo español podría estar cerca de un punto de inflexión, en el que la falta de inversión en las condiciones laborales de las camareras de piso se traduzca en una escasez de trabajadoras disponibles para un sector esencial en la economía del país.