España e Italia, dos países con estructuras económicas similares centradas en el turismo, la agricultura, las pymes y la manufactura, han tomado rumbos muy distintos en los últimos diez años. La periodista italiana Milena Gabanelli expone esta divergencia en un análisis publicado en Dataroom, donde se pregunta qué falló en la economía italiana para que sus resultados se distancien de su vecino ibérico.
Durante la última década, la tasa de paro en España ha descendido en 10 puntos porcentuales, aunque todavía es mayor que en Italia. El PIB español ha crecido un 2,1% anual, con una recuperación del poder adquisitivo salarial de 1,2 puntos desde 2019. En contraste, Italia ha reducido su desempleo en 6 puntos, pero su crecimiento económico se ha limitado al 1% y los salarios han perdido un 8% de poder adquisitivo respecto a los niveles previos a la pandemia.
Este escenario indica que, pese a políticas similares de flexibilización laboral, España ha sabido capitalizar estas reformas en términos de empleo y consumo mientras que Italia no ha logrado hacerlo de forma efectiva.
El coste energético, clave en la diferencia. Uno de los aspectos más visibles que coloca a España por delante es su factura eléctrica. Desde 2018, España ha apostado por una fuerte inversión en energías renovables, logrando que el 55% de su electricidad provenga de fuentes fotovoltaicas y eólicas. Este cambio se traduce en un coste del megavatio hora un 44% más barato que en Italia. La transición energética española ha reducido en un 75% la dependencia del gas y el carbón en el precio de la electricidad, mientras que el país vecino sigue fuertemente vinculado a los combustibles fósiles.
Inmigración y capital extranjero también marcan la diferencia. España facilita la contratación de trabajadores no comunitarios en sectores con déficit de mano de obra, mientras que Italia limita este proceso a cuatro «click days» anuales, que según Gabanelli son poco efectivos. Esta diferencia se refleja en la inversión extranjera directa: España ha captado 304.000 millones de euros en la última década, frente a los 191.000 millones de Italia. Claramente, el país que simplifica los trámites atrae más capital.
Los expertos llevan tiempo señalando a España como una de las economías más dinámicas de la eurozona. El Banco de España proyectaba un crecimiento del PIB del 2,5% para 2025, posicionando al país entre los líderes comunitarios. Además, la apuesta española por las renovables está consolidando una transición energética que convierte a España en una futura superpotencia en este sector. Sin embargo, no todo es positivo: la inversión extranjera experimentó un descenso preocupante en 2025, alertando sobre los riesgos de una desaceleración.
En resumen, España supera a Italia en crecimiento económico, empleo, transición energética y atractivo para la inversión extranjera. No obstante, esta etapa expansiva tiene límite si no se sostienen las inversiones y no se rentabiliza la transición verde. Gabanelli concluye que, más allá de discursos políticos, los datos económicos hablan por sí solos y reflejan en qué país se están haciendo mejor las cosas.
Imagen: Roma, foto de Jovan Vasiljević vía Pexels